1. Pizza de champiñones: Los hongos aportan notas terrosas y una profundidad de sabor. Esta puede encontrar un contrapunto interesante en el carácter frutal del vino, especialmente si la salsa no domina la preparación.
2. Guiso de lentejas: El sofrito, las verduras y el tiempo de cocción desarrollan sabores más intensos. Estos pueden complementarse con la acidez del tinto, sin necesidad de incorporar carne.
3. Verduras asadas: Berenjenas, zapallos o zanahorias adquieren nuevos matices al pasar por el horno. Allí, el calor concentra sus sabores y desarrolla notas dulces y tostadas que abren otras posibilidades para acompañarlas con vino.
Más que reemplazar las combinaciones tradicionales, estas propuestas invitan a prestar atención a lo que ocurre dentro de cada receta. También permiten entender que la elección del vino puede comenzar por esos detalles.
Quizás ahí esté el lado menos conocido del Merlot: en la posibilidad de encontrar nuevas afinidades con platos que llevamos años preparando, pero que pocas veces imaginamos acompañados de una copa de tinto.
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