En Chile, 507.833 niños, niñas y adolescentes están en situación de trabajo infantil. Un análisis de UNICEF y la OIT advierte que asistir al colegio no significa que estén libres de esta realidad.
Ayudar en el negocio familiar, acompañar a los padres en su trabajo, vender productos o asumir tareas habituales puede parecer una forma de colaborar en el hogar.
A veces, incluso se presenta como una manera de aprender responsabilidades, adquirir experiencia o aportar a la economía familiar.
Pero ¿cuándo esa ayuda deja de ser una colaboración ocasional? ¿Qué ocurre cuando un niño comienza a asumir responsabilidades propias de un trabajo y los adultos no lo perciben como un problema?
“Es solo para ayudar”, “lo hace para aprender” o “son unas horas nomás”. Son frases que pueden justificar actividades que, por su frecuencia, condiciones o exigencias. Terminan afectando la vida cotidiana de niños, niñas y adolescentes. El problema es que estas situaciones pueden normalizarse dentro de las propias familias.
Un análisis publicado en junio de 2026 por UNICEF y la Organización Internacional del Trabajo. Muestra que la asistencia escolar puede mantenerse incluso entre quienes realizan trabajo infantil. Ir al colegio, por tanto, no descarta que exista una situación que requiera atención.
Tampoco basta con saber si el niño recibe dinero. Importa qué actividad realiza, cuánto tiempo le dedica, con qué frecuencia. En qué condiciones y si afecta su educación, descanso, recreación o desarrollo. Una colaboración ocasional no es lo mismo que asumir responsabilidades habituales vinculadas a una actividad económica.
Algunos padres convierten la participación de sus hijos en parte recurrente de videos y publicaciones. Con los que buscan aumentar visualizaciones, ganar seguidores o generar ingresos.
Cuando los niños deben participar de manera habitual en la producción de contenidos, su imagen y su vida cotidiana pueden transformarse en un recurso económico para los adultos. ¿Dónde está el límite entre compartir momentos familiares y convertir la participación de un hijo en parte de un negocio digital?
La exposición de niños y niñas en redes sociales no constituye por sí sola trabajo infantil. Sin embargo, cuando existe una actividad económica, es necesario observar las condiciones en que participan. Las exigencias que enfrentan y si se resguardan sus derechos, su privacidad y su bienestar.
También es importante distinguir el trabajo infantil del trabajo adolescente protegido. No toda actividad laboral realizada por un adolescente constituye trabajo infantil. Existen condiciones y límites legales destinados a proteger sus derechos y evitar que el trabajo interfiera con su educación y desarrollo.
Ante situaciones que parecen normales, vale la pena preguntarse si esa ayuda es realmente ocasional. Cuánto tiempo ocupa y qué está dejando de hacer ese niño para cumplir con esa responsabilidad.
Porque el trabajo infantil no siempre se reconoce a primera vista. Puede esconderse detrás de una ayuda familiar que parece inofensiva o de una publicación en redes sociales que acumula visualizaciones Mientras quedan en segundo plano los derechos, el descanso y el desarrollo de niños, niñas y adolescentes.
Desde 1986, Dockers ha marcado la historia del pantalón khaki, convirtiéndolo en un ícono de…
Saab presenta la nueva generación de su Sistema de Combate Naval 9LV, su Sistema de…
Por Gonzalo Ferrer, Transport Head Latam de Infracommerce. Durante años pensamos el transporte como el…
El notebook se convierte en una herramienta clave para quienes necesitan integrar sus dispositivos. Aprovechar…
La marca celebra junto a las familias de América Latina con nuevos estrenos y junto…
Autoplanet explica cómo se mide la edad de un neumático y por qué revisarlo antes…