A nivel mundial, el plástico representa casi el 40% del total de desechos generados, y lamentablemente, solo el 8.5% de las botellas de plástico se reciclan, terminando más del 91% de estas en vertederos o en el océano.
Con una producción global de plástico que supera los 430 millones de toneladas anuales y la insuficiente tasa de reciclaje, se estima que un camión lleno de plástico desechado llega a los océanos cada minuto, una cifra alarmante que refleja la urgencia de encontrar alternativas sostenibles.
Frente a esta problemática, Maihue, scale-up chilena con 7 años de trayectoria ha logrado que cada día más de 250.000 usuarios a nivel nacional puedan combatir esta problemática desde sus casas, en su trabajo y en su restaurante favorito mediante el uso de sistemas de purificación de agua conectados directamente a la red posicionando así el acceso a agua de máxima calidad como una solución tangible a esta problemática.
Claudio Brinkmann, CEO y cofundador de Maihue comenta: “Cuando pensamos que tomar una sola botella de agua o bebida al día parece inofensivo, olvidamos el impacto colectivo que esto genera. Cada uno de nuestros usuarios evita cada día al menos una botella desechable, lo que en un año se traduce en más de 91 millones de botellas plásticas que no terminarán en el océano. Ese es el poder de transformar un hábito cotidiano en una acción con impacto real.”
“Los datos nos demuestran que cuando logras obtener agua de máxima calidad desde tu propia casa no solo dejas de eliminar desechos plásticos de agua embotellada si no que también de las bebidas y jugos azucarados pues dejan de ser una alternativa atractiva”
“Según encuestas realizadas en 2024 y 2025, más del 80% de los usuarios de Maihue ha aumentado su consumo de agua por sobre otras alternativas y el 70% de estos declara que además los ha apoyado a adoptar hábitos más saludables y conscientes con el medio ambiente.”
En un mundo donde el cambio climático y la contaminación exigen respuestas urgentes, reducir el uso de plásticos de un solo uso requiere más que buenas intenciones: se necesita acción concreta, tanto desde lo institucional como desde lo individual. Iniciativas como Maihue han logrado transformar un hábito cotidiano como beber agua, en una contribución real al cuidado del planeta. El compromiso ambiental puede partir desde cada hogar y escalar a un impacto colectivo. Casos como este evidencian que el cambio es posible cuando convergen la innovación, la conciencia y la voluntad de actuar.
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