La reducción de emisiones se ha instalado como uno de los principales desafíos del transporte de carga. Un sector clave tanto por su impacto ambiental como por su rol en la actividad económica.
En ese escenario, Scania ha optado por una estrategia gradual y pragmática, enfocada en soluciones que permitan avanzar hoy. Sin comprometer la operación ni exigir transformaciones abruptas en las flotas.
El gas, más que un punto de llegada, se ha convertido en la puerta de entrada al biometano. Un combustible renovable con alto potencial de descarbonización.
La propuesta de la compañía se basa en un principio claro: la continuidad tecnológica. Los camiones que hoy operan con motores a gas pueden utilizar biometano en el futuro. Sin necesidad de modificar su tecnología, lo que permite a los transportistas reducir su huella de carbono de manera progresiva y económicamente viable.
El biometano se produce a partir del tratamiento de residuos orgánicos, agrícolas o ganaderos. Y puede ser utilizado en motores diseñados para operar a gas. Desde una mirada de ciclo de vida, este combustible renovable permite reducciones significativas de emisiones de CO₂.
En comparación con el diésel, convirtiéndose en una alternativa especialmente relevante para el transporte pesado. Donde la eficiencia y la autonomía son factores críticos.
En línea con esta visión, Scania ha desarrollado motores a gas de nueva generación. Capaces de entregar altos niveles de potencia y eficiencia, cumpliendo con los estándares ambientales más exigentes, como la normativa Euro 6.
Estas motorizaciones no solo reducen emisiones locales, como material particulado y óxidos de nitrógeno. Sino que además están preparadas para operar con biometano, reforzando el camino hacia la descarbonización.
Desde el punto de vista financiero, esta estrategia cobra especial relevancia. La adopción de flotas compatibles con combustibles renovables permite anticiparse a cambios regulatorios. Avanzar en compromisos ESG y mejorar el costo total de operación.
Además, el desarrollo del biometano introduce una dimensión adicional en términos de economía circular. Al provenir de residuos, su producción permite valorizar desechos y generar energía local. Abriendo oportunidades para sectores agrícolas, ganaderos e industriales, y fortaleciendo ecosistemas energéticos más sostenibles.
“La descarbonización del transporte pesado no ocurrirá de un día para otro. Requiere tecnología confiable. Decisiones progresivas y una mirada de largo plazo. Y es por esto que nuestro objetivo es acompañar a los clientes en ese camino. Con soluciones que ya están disponibles”, concluye Rafael Francisco Da Silva.
Si bien la infraestructura para su producción y distribución aún se encuentra en expansión. La existencia de vehículos preparados para utilizar biometano acelera ese proceso. La apuesta de Scania apunta precisamente a reducir las barreras de entrada. Permitiendo que la transición se construya de manera gradual y coordinada entre fabricantes, operadores y productores de energía.
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