Innovación

Latinoamérica y Asia: una alianza estratégica para la innovación que Chile no puede desaprovechar

Latinoamérica y Asia: una alianza estratégica para la innovación que Chile no puede desaprovechar

Por María Noel de la Paz
Accelerator Director en Magical

Latinoamérica y algunos países asiáticos han desarrollado sus ecosistemas de innovación por distintos caminos.

Corea del Sur y Japón apostaron por modelos altamente estructurados, con fuerte inversión pública. Foco en investigación y desarrollo, y una base industrial profunda orientada al I+D. Latinoamérica, en cambio, avanzó desde otra lógica.

Una cultura emprendedora resiliente y colaborativa. Orientada a resolver problemas reales. Con startups que suelen nacer pensando en escalar más allá de sus fronteras.

No existen modelos universales de innovación. Cada ecosistema se construye desde su propia identidad cultural, económica y social.

El desafío no es imitar lo que otros han hecho. Es reconocer el valor de la propia trayectoria y proyectarla como una propuesta complementaria hacia el mundo. En nuestra región, la mayoría de las startups nace desde la urgencia. Resolver brechas concretas en sectores como energía, salud, finanzas o educación.

Esa cercanía con el problema ha impulsado soluciones altamente aplicables y escalables, algo que hoy empieza a despertar un interés creciente en ecosistemas más estructurados.

En Corea del Sur o Japón, en cambio, muchas startups nacen desde la investigación o el desarrollo tecnológico incremental. También desde verticales industriales y tecnológicas priorizadas por políticas públicas, inversión corporativa o programas de financiamiento.

Son aproximaciones distintas al origen de la innovación, pero no excluyentes.

Esa diferencia, lejos de ser una brecha, abre hoy una oportunidad estratégica. A medida que ambos ecosistemas alcanzan mayor madurez, comienza a hacerse visible el potencial de una colaboración verdaderamente complementaria.

Asia aporta infraestructura tecnológica y profundidad industrial. También capacidad de inversión. Latinoamérica, y particularmente Chile, aporta agilidad, eficiencia en el uso de recursos y experiencia llevando soluciones a mercados globales diversos y complejos.

En Corea del Sur, solo en 2024, el Estado destinó cerca de US$2.700 millones al fortalecimiento de su ecosistema de innovación. También financiando infraestructura tecnológica y hubs especializados. Con programas que acompañan a las startups desde etapas tempranas hasta su consolidación.

Japón, por su parte, sigue siendo un referente en manufactura avanzada, automatización y robótica. Resultado de décadas de inversión sostenida en investigación y desarrollo.

Sin embargo, estos ecosistemas también enfrentan desafíos. Menores niveles de colaboración horizontal entre emprendedores, estructuras organizacionales más jerárquicas y una orientación más tardía a mercados globales pueden ralentizar, en algunos casos, los procesos de escalamiento.

Aquí es donde Chile y Latinoamérica tienen mucho que aportar.

Nuestra cultura emprendedora es colaborativa por necesidad. Estamos acostumbrados a hacer mucho con pocos recursos. A actuar rápido y a pensar en clave global desde el primer día. Esa experiencia, construida en contextos exigentes, nos convierte en socios atractivos para ecosistemas que, aun con enormes capacidades tecnológicas, buscan mayor velocidad, flexibilidad y cercanía con el mercado.

Esta convergencia ya comienza a materializarse en áreas concretas, como la transición energética. Corea cuenta con tecnologías avanzadas en hidrógeno y energías limpias, mientras que Chile posee condiciones naturales únicas: litio, radiación solar excepcional y un rol estratégico en la descarbonización global. No es casualidad que delegaciones chilenas recientes hayan identificado oportunidades reales de colaboración, licitaciones y transferencia tecnológica en este ámbito.

Chile tiene hoy una oportunidad clara de posicionarse como un puente entre ambos mundos: atraer tecnología de punta, fortalecer sus industrias estratégicas y, al mismo tiempo, proyectar su talento emprendedor hacia mercados globales.

Cuando dos regiones entienden sus diferencias como ventajas complementarias, el resultado puede ser transformador. Para Chile, profundizar esta conexión no es solo una opción interesante; es una oportunidad estratégica que puede marcar su desarrollo innovador en los próximos años.

 

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