Educación

Sin ciencia no hay futuro

Sin ciencia no hay futuro

Pablo Donoso, vicerrector de investigación, innovación y creación USACH

Chile enfrenta hoy una discusión estratégica. Trasciende el debate presupuestario y se instala en el centro mismo de su proyecto de desarrollo.

La reciente discusión de eventuales recortes al financiamiento del Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación.

Esto, junto con la revisión de programas asociados a becas de postgrado, centros de excelencia e investigación aplicada, abre una señal de alerta. Esto, en todo el ecosistema científico nacional.

Diversas comunidades académicas, científicas y universitarias lo han advertido. Disminuir la inversión en ciencia no representa únicamente una reducción financiera coyuntural. Es una decisión que impacta directamente la capacidad futura del país.

Principalmente para generar conocimiento y formar capital humano avanzado. También para innovar y sostener un desarrollo integral y competitivo.

Chile ha construido durante las últimas décadas capacidades científicas relevantes. Con foco en minería, energía, salud, alimentos, ingeniería, astronomía, recursos hídricos, biotecnología y sustentabilidad.

Sin embargo, sigue invirtiendo un porcentaje significativamente menor de su PIB. Esto, en investigación y desarrollo en comparación con economías avanzadas.

Por ello, la discusión de recortes presupuestarios genera preocupación. Ello, porque afecta precisamente aquellos instrumentos que permiten sostener el círculo virtuoso. Precisamente el que se da, entre formación avanzada, investigación científica, desarrollo tecnológico y crecimiento económico.

La ciencia no constituye un gasto accesorio del Estado.

Representa una inversión estructural en capacidades futuras. Cada beca doctoral, laboratorio, centro de investigación o proyecto tecnológico no solo produce publicaciones científicas. Son también profesionales altamente calificados, innovación aplicada, transferencia tecnológica, soluciones productivas y ventajas competitivas para el país.

Las naciones que hoy lideran la economía global lo comprendieron hace décadas. El desarrollo sostenible depende de la capacidad de generar conocimiento propio y transformarlo en bienestar económico y social.

En el caso de la ingeniería, esta relación resulta particularmente evidente.

Las facultades de ingeniería forman profesionales que posteriormente participan en sectores estratégicos como energía, infraestructura, minería, inteligencia artificial, automatización, manufactura avanzada, transporte, sostenibilidad y transformación digital. Sin investigación activa y financiamiento científico estable, la formación profesional pierde capacidad de actualización, innovación y conexión con los desafíos reales del país.

La investigación fortalece directamente la docencia, moderniza laboratorios, mejora competencias estudiantiles y permite que los futuros ingenieros e ingenieras aprendan en entornos vinculados a problemas concretos y tecnologías emergentes.

Por ello, Chile requiere avanzar hacia una mirada estratégica de largo plazo donde ciencia, tecnología, innovación y formación de capital humano no sean comprendidos como áreas separadas, sino que como componentes integrados de una política nacional de desarrollo.

El país necesita fortalecer el vínculo entre universidades, Estado, industria y territorios, promoviendo ecosistemas colaborativos capaces de transformar investigación en soluciones productivas, innovación social y crecimiento sostenible.

Hoy más que nunca, las universidades y las organizaciones que crean ciencia tienen una responsabilidad central en este desafío.

No solo deben formar profesionales técnicamente competentes, sino que también liderar la generación de conocimiento pertinente para el desarrollo nacional.

La ingeniería chilena debe transformarse en un actor estratégico capaz de responder a los desafíos energéticos, climáticos, tecnológicos y productivos del siglo XXI, contribuyendo activamente a construir un país más innovador, sustentable y competitivo.

En consecuencia, la discusión sobre financiamiento científico no puede limitarse a una lógica presupuestaria de corto plazo. Lo que está en juego es la capacidad futura de Chile para desarrollarse con autonomía tecnológica, fortalecer su productividad, generar innovación y mejorar la calidad de vida de su población. Invertir en ciencia e ingeniería no constituye un privilegio sectorial; constituye una decisión estratégica de país.

 

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