Carbono Negro: ¿Qué aprendimos y por qué ya no podemos ignorarlo?

Por Carlos Saul, gerente General de AyT
Durante años, cuando hablamos de contaminación atmosférica o cambio climático, gran parte de la discusión se ha concentrado en los gases de efecto invernadero. Especialmente el dióxido de carbono (CO2).
Sin embargo, existe otro contaminante que tiene un enorme impacto sobre el clima y la salud de las personas. No obstante sigue siendo relativamente desconocido. Esto, fuera de los círculos científicos.
Es el Carbono Negro o Black Carbon.
El reciente Black Carbon International Workshop realizado en Chile representó una instancia tan relevante.
Durante dos jornadas, especialistas nacionales e internacionales compartimos conocimientos y experiencias. También avances tecnológicos que nos permitieron profundizar en el tema. Uno, que hoy ya no puede seguir siendo secundario. Esto, dentro de las estrategias ambientales y climáticas.
Una de las principales conclusiones que dejó este encuentro es que el Carbono Negro es uno de los contaminantes climáticos de vida corta con mayor impacto sobre el calentamiento global.
El CO2 permanece durante décadas o siglos en la atmósfera. Pero el Carbono Negro tiene una permanencia mucho menor. Sin embargo, su capacidad para absorber radiación solar y acelerar procesos de calentamiento es extraordinariamente alta.
Pero su impacto no termina allí. El Carbono Negro forma parte del material particulado fino. Este es uno de los contaminantes más peligrosos para la salud humana.
Numerosos estudios han demostrado su relación con enfermedades respiratorias y cardiovasculares. Incluso con un aumento en la mortalidad prematura.
En otras palabras, combatir el Carbono Negro no sólo contribuye a enfrentar la crisis climática. También permite mejorar directamente la calidad de vida de millones de personas.
Otro aprendizaje fundamental es que no podemos gestionar aquello que no somos capaces de medir. La ciencia ha avanzado enormemente en las últimas décadas. Esto nos permite comprender mejor cómo se genera, transporta y deposita este contaminante en distintos ecosistemas.
Sin embargo, todavía existen importantes desafíos. Precisamente para ampliar las capacidades de monitoreo y caracterización de fuentes emisoras.
En este sentido, la experiencia desarrollada en Chile resulta especialmente valiosa. Gracias al trabajo conjunto entre centros de investigación y universitarios, como el que hace CETAM de la Universidad Técnica Federico Santa María (USFM). Además de organismos públicos y empresas tecnológicas como AyT. Hoy contamos con años de monitoreo continuo de Carbono Negro en ambientes de alta montaña. Esto genera información científica de enorme valor.
Todo, para comprender fenómenos atmosféricos y evaluar tendencias de largo plazo.
Estos esfuerzos posicionan a Chile como un referente regional. Esto, en monitoreo atmosférico avanzado. Además demuestra que la generación de conocimiento local es clave. Principalmente para diseñar políticas públicas más efectivas.
Sin embargo, la evidencia por sí sola no es suficiente. El desafío ahora es traducir ese conocimiento en decisiones.
La medición debe transformarse en gestión y la gestión en acciones concretas de mitigación.
Aquí la industria tiene un papel fundamental, hoy existen tecnologías capaces de monitorear emisiones con altos niveles de precisión, identificar fuentes específicas de contaminación y evaluar el impacto de distintas medidas de reducción.
Por otra parte, se visibiliza la necesidad de avanzar hacia la incorporación de la medición del Carbono Negro en las redes públicas de monitoreo de calidad del aire. Si bien Chile cuenta con una extensa infraestructura para medir contaminantes tradicionales, disponer de información continua sobre “Black Carbon” permitiría comprender mejor las fuentes de emisión. También evaluar con mayor precisión los impactos sobre la salud y fortalecer las políticas de descontaminación y cambio climático.
La transición hacia economías más limpias requiere información confiable, capacidades técnicas y una colaboración permanente entre ciencia, sector productivo y autoridades. Representando una oportunidad única para lograr avances simultáneos en salud pública, calidad del aire y acción climática.
El workshop nos dejó una certeza compartida, hoy sabemos mucho más sobre este contaminante.
Conocemos mejor sus impactos, contamos con tecnologías más avanzadas para medirlo y disponemos de evidencia suficiente para actuar. Porque cuando se trata de proteger la salud de las personas y enfrentar el cambio climático, ignorar la evidencia nunca es una opción.
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