Por Bernardita Infante, Consultora previsional asociado de Alfredo Cruz.
El debate en torno a la reforma previsional comenzó su vigencia en enero de este año. Al momento, ha estado marcado por una pregunta central. ¿Cuál debería ser el nivel adecuado de pensión? Esto, para que las personas puedan sostener su estándar de vida durante la jubilación.
Un análisis de proyecciones elaborado por Lascar Wealth Management, que integra estimaciones técnicas de nuestro equipo previsional de Alfredo Cruz es claro. Revela un panorama positivo. Pero con importantes matices para quienes recién inician su trayectoria laboral.
Nuestras estimaciones indican que el incremento en la tasa de cotización, financiado por el empleador, mejorará paulatinamente el potencial de las pensiones en el tiempo. Esto, con un efecto más directo y visible en los trabajadores más jóvenes.
Específicamente, una persona que hoy comienza su vida laboral a los 25 años. Bajo el escenario anterior habría obtenido una tasa de reemplazo estimada de 34,4%. En el nuevo escenario, podría ver incrementar dicho indicador hasta un 53% bajo el nuevo marco legal.
Estamos hablando de un caso favorable. Uno, donde un trabajador de 25 años inicia hoy sus cotizaciones. También, concluye su vida laboral a los 65 años y absorbe toda la progresividad de la reforma.
Esto implica que llegará al tope del 4,5% de cotización adicional. Se mantendrá con ese porcentaje durante las siguientes décadas.
Ello se da al capturar este aumento progresivo. También al sumar el 1,5% completo en su cuenta individual. El cual se pagará como cotización con rentabilidad protegida. Por ello, el cotizante acumulará una cantidad muy relevante de recursos durante su vida laboral.
En ese contexto, la tasa de reemplazo podría llegar a 53%, uno de los escenarios más favorables proyectados dentro de la reforma.
Sin embargo, debemos ser claros. Incluso en este escenario positivo, una tasa de reemplazo de 53% sigue siendo insuficiente. Esto, si se compara con el nivel necesario para sostener de mejor manera el estándar de vida en la etapa de jubilación.
Por ello, situarse en una tasa de reemplazo de 53% no permite asumir que los futuros pensionados puedan estar completamente tranquilos. Ello, respecto de su situación financiera al momento del retiro.
Desde una mirada de planificación patrimonial y previsional, una tasa de reemplazo más robusta debiera acercarse al 70% o más.
Ese sigue siendo un objetivo exigente. Especialmente válido, para quienes buscan mantener un nivel de vida similar al de su etapa activa.
Si a este 53% de base se le incorporan variables adicionales. Como el bono por diferencia de expectativas de vida y el bono por años cotizados. O bien, la tasa de reemplazo final podría experimentar una mejora adicional. Incluso llegando a niveles cercanos al 55%, 58% o incluso 60%, dependiendo del caso.
Pese a esto, la meta del 70% continúa siendo difícil de alcanzar de manera generalizada.
Esto, considerando la reforma. Es una brecha que se vuelve particularmente relevante para personas con rentas medias-altas y altas.
Frente a este nuevo esquema previsional, uno de los riesgos detectados es que la mejora proyectada en la pensión obligatoria genere una falsa sensación de suficiencia y desincentive el ahorro voluntario.
Al respecto, las mejores proyecciones base podrían distorsionar algunas decisiones financieras de largo plazo, especialmente entre los nuevos cotizantes.
Una persona de 25 años, a la que le quedan cerca de 40 años para pensionarse, podría ver que gracias a la reforma su pensión estimada mejora de manera importante. El riesgo es que, frente a ese avance, se pregunte para qué realizar Ahorro Previsional Voluntario, asumiendo que con la mayor cotización obligatoria ya estará bien. Esa interpretación sería equivocada, porque la reforma mejora el punto de partida, pero no elimina la necesidad de planificar.






