Expertos señalan que el desafío ya no es solo adoptar la IA, sino integrarla al modelo operativo para generar impacto.
La inteligencia artificial (IA) se ha convertido en una prioridad para las organizaciones de todo el mundo. Sin embargo, su rápida adopción todavía no se refleja en una transformación equivalente de los resultados del negocio.
De acuerdo con investigaciones de McKinsey, solo el 8% de las organizaciones ha logrado escalar la IA más allá de pilotos o casos de uso aislados.
Daniel Aguilar, Sales VP Banking & Financial Services de Softtek, señala que el valor de la IA depende menos de sumar nuevas herramientas. También depende de qué tan integrada está en la operación de la empresa. “La IA genera verdadero valor cuando deja de operar como una suma de iniciativas independientes. Pasa a formar parte de la arquitectura, los procesos y la toma de decisiones de toda la organización”, agrega.
Los datos de McKinsey, recogidos en el white paper The AI-Powered Banking Shift de Softtek, también muestran que la IA produce actualmente sus mayores beneficios en innovación. El 64% de las organizaciones reporta mejoras en ese ámbito, así como en la satisfacción de los colaboradores. En contraste, su impacto sobre indicadores directamente asociados al desempeño financiero continúa siendo más limitado. El 36% identifica mejoras en rentabilidad, el 33% en crecimiento de ingresos y el 25% en participación de mercado.
Esta brecha también se observa en el ritmo de adopción. Mientras el uso de IA pasó del 20% de las organizaciones en 2017 al 78% en 2025, el valor generado continúa concentrándose principalmente en eficiencias operativas y mejoras incrementales. En lugar de transformar el modelo de negocio.
En el sector financiero, las oportunidades son especialmente relevantes. Estimaciones de PwC y McKinsey calculan que la IA generativa podría generar entre US$200.000 millones y US$340.000 millones anuales para la banca mundial. Esta cifra equivale a entre el 9% y el 15% de sus beneficios operativos. Ese potencial proviene de mejoras en productividad, decisiones de riesgo, personalización y eficiencia operativa.
Álvaro Molero, consultor de IA para la industria de banca en Softtek. Explica que el sector bancario reúne algunas de las condiciones que hacen más transformadora a esta tecnología. “La banca opera sobre grandes volúmenes de datos, procesos altamente estructurados y decisiones que deben tomarse en tiempo real. Por eso, la IA tiene la capacidad de evolucionar desde la automatización de tareas específicas hacia modelos que optimizan de forma continua la relación con los clientes. También mejora la gestión del riesgo, la detección de fraude y la eficiencia operativa. Las instituciones que logren integrar la IA en el núcleo de su operación estarán mejor preparadas para competir en un entorno cada vez más dinámico”, señala.
No obstante, capturar ese valor requiere una apuesta estratégica de mayor alcance. De acuerdo con McKinsey y S&P Global, las organizaciones que destinan menos del 1,5% de su inversión tecnológica a iniciativas de IA obtienen retornos prácticamente nulos. El cambio comienza a producirse cuando la inversión alcanza entre el 2,5% y el 4%. En ese nivel, la IA deja de optimizar tareas puntuales para integrarse de forma estructural en el negocio.
Para Molero, este escenario obliga a replantear la manera en que las empresas incorporan la IA. “El reto ya no consiste en implementar nuevos casos de uso. Consiste en evolucionar hacia organizaciones AI-First, donde los datos, la infraestructura tecnológica, los procesos y la cultura empresarial están diseñados para que la inteligencia artificial participe de forma continua en la operación”, afirmó.
En esa línea, los especialistas sostienen que el avance hacia estos modelos dependerá de que las empresas incorporen la IA como parte de su operación, sus decisiones y su estrategia de crecimiento. No como una herramienta aislada. Esto implica integrarla en procesos de extremo a extremo, fortalecer la gobernanza de datos y rediseñar capacidades organizacionales. Así podrán escalar su uso de manera consistente.
“La IA ya dejó de ser una tecnología experimental para convertirse en un factor estratégico de competitividad. Las organizaciones que logren integrarla en el corazón de su operación no solo ganarán eficiencia. También podrán innovar más rápido, adaptarse mejor a los cambios del mercado y crear nuevas fuentes de valor”, concluye Aguilar.
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