
Por Pamela Cruz Académica Facultad de Medicina Veterinaria y Agronomía Universidad de Las Américas.
Es ágil, inteligente, de una belleza inconmensurable y capaz de ganarse el corazón de cualquiera.
Para muchos, es la mascota ideal o, mejor dicho, un extraordinario compañero de vida. Este animal, digno de nuestra más profunda admiración, no es otro que el gato doméstico.
Nuestra historia junto a él se inició hace cerca de nueve mil años. Cuando sus ancestros comenzaron a frecuentar los asentamientos de las primeras comunidades agrícolas atraídos por la abundancia de roedores.
Con el paso de los milenios, el gato fue venerado como una divinidad en el antiguo Egipto. Perseguido durante la Edad Media e inmortalizado por artistas y escritores.
Leonardo da Vinci afirmó que “el felino más pequeño es una obra maestra“. Mientras que Pablo Neruda, en su Oda al gato, inmortalizó su independencia, personalidad y perfección.
Durante siglos, el ser humano ha intentado retratar su esencia a través del arte. Dejando testimonio de cómo este extraordinario animal nos ha cautivado a lo largo del tiempo.
Paradójicamente, la medicina veterinaria tardó mucho más en comprenderlo.
Durante gran parte del siglo XX, los gatos fueron prácticamente ignorados por la comunidad veterinaria y atendidos de manera similar a los perros.
Solo con el desarrollo de la medicina felina comprendimos que extrapolar los conocimientos de una especie a otra era un error. Y que, como señala un antiguo adagio, los gatos no son perros pequeños.
Reconocer sus necesidades físicas, emocionales y cognitivas. Consolidó la medicina felina como una disciplina especializada.
Ese cambio continuó con la publicación, en 2011, de las Feline-Friendly Handling Guidelines y, posteriormente, con los programas Cat Friendly o amigables con el gato. Impulsados por la Sociedad Internacional de Medicina Felina (ISFM) y la entonces Asociación Americana de Especialistas en Medicina Felina (AAFP). Llevando esta nueva forma de entender al gato desde la teoría a la práctica clínica.
Hoy sabemos que una buena atención no depende solo de un diagnóstico y tratamiento acertados. Sino también de disminuir el miedo, la ansiedad y el estrés que experimenta durante la atención veterinaria.
Quizá el mayor homenaje que le hemos rendido fue comprenderlo como la especie única que siempre fue.
Ese es el espíritu instaurado desde el 2002 por el Fondo Internacional para el Bienestar Animal (IFAW) y por el cual durante agosto conmemoramos a los gatos. Recordándonos que proteger su bienestar y salud. También honra el vínculo que hemos construido con esta especie.
Como médicos veterinarios, tenemos el privilegio y la responsabilidad de continuar promoviendo ese cambio de mirada, orientando a los tutores para responder adecuadamente a las necesidades propias de este animal. Porque, después de miles de años de convivencia, sigue enseñándonos que comprenderlo comienza por respetar su naturaleza. Basta con ser gato, y nada más.




