Hacerlo a la chilena

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Francisco Jones – Director de Ingeniería Industrial UNAB

Durante años, “hacer las cosas a la chilena” ha sido una mezcla entre orgullo y autocrítica. Es decir, ingenio con pocos recursos, pero también improvisación.

Llegó el momento de darle un nuevo significado a esa expresión. Chile necesita producir más valor con los recursos que tiene.

Eso exige automatización e IA, pero sería un error entender la modernización como reemplazo de personas por máquinas.

El desafío es usar la tecnología para construir empresas más productivas y, evidentemente, mejorar los empleos.

Según el INE, entre abril y junio de 2026 la desocupación llegó a 9,4% y la ocupación informal a 27%. Un trimestre antes, el empleo manufacturero había crecido 5,2% en doce meses. Pero el empleo informal del sector aumentó 15,4%. Más actividad, pero por sí sola, no garantiza mejores trabajos.

Ese es justamente el punto, el Banco Central proyecta un crecimiento moderado del PIB para 2026 y una recuperación recién hacia 2027. Si el país no puede apoyarse en un boom de actividad para generar empleo. La productividad deja de ser un tema técnico y pasa a ser la fuente real de mejores trabajos en el corto plazo.

La Comisión Nacional de Evaluación y Productividad (CNEP) confirmó que 2024 y 2025 cerraron con crecimiento positivo de la productividad total de factores.

Eso no es un logro para celebrar y archivar. Es la señal de que el país tiene, por primera vez en más de una década, una base sobre la cual construir.

La pregunta que importa hoy no es cuánto crecimos. Sino qué se necesita para que ese repunte deje de ser una excepción y se convierta en política de Estado. Incentivos claros a la automatización con foco en capital humano. Metas sectoriales de productividad y seguimiento público de sus resultados y no solo diagnósticos anuales.

Automatizar un proceso mal diseñado no lo corrige, en el mejor de los casos no cambia nada, y en el peor, acelera sus fallas, dada la multiplicación masiva de estas.

La automatización puede sustituir tareas, pero también transformar ocupaciones. Abriendo espacio a mantenimiento, planificación y mejora continua. Esa transición exige capacitación, un recurso escaso mientras el crecimiento siga siendo moderado.

También debemos evitar una industria a dos velocidades. El Ministerio de Economía informó que 70% de las mipymes está en niveles iniciales o novatos de madurez digital y solo un 14% en avanzados o expertos.

Si el próximo ciclo de inversión se concentra en quienes ya tienen mayor capacidad tecnológica. La productividad puede seguir concentrándose en los mismos de siempre.

Por eso, “hacerlo a la chilena” debería dejar de significar resolver a última hora y representar algo más exigente. Transformar nuestra resiliencia en una capacidad sistemática para mejorar, aprovechando la ventana que se abre hacia 2027.

Chile no necesita elegir entre tecnología y trabajadores. Una Industria 5.0 a la chilena debería significar producir más valor con mejores tecnologías y trabajadores mejor preparados. Construyendo sistemas que aprovechen mejor nuestro conocimiento y nuestras personas.