Las últimas cifras de desempleo entregadas por el INE vuelven a encender una señal de alerta.
Sin embargo, existe otro dato que probablemente dice todavía más sobre el momento que atraviesa nuestro mercado laboral. Mientras las personas asalariadas formales disminuyeron 2,4% en doce meses. Los ocupados informales aumentaron 1,6% y la tasa de informalidad llegó a 26,5%.
Cuando el empleo formal se contrae, las personas no tienen el margen de esperar a que la economía repunte.
El trabajo por cuenta propia y la informalidad emergen. Esto, como una válvula de escape inmediata para generar ingresos. El problema radica en que una solución individual de supervivencia no puede convertirse en la política estructural de un país.
La informalidad puede resolver una necesidad de corto plazo, pero difícilmente puede convertirse en la respuesta estructural al estancamiento del empleo. Menor protección social y menor estabilidad. Además de trayectorias laborales más fragmentadas. Ello termina afectando no solo a los trabajadores, sino también a la productividad. Junto con ello a la capacidad de las empresas de disponer del talento que requieren para crecer.
Por eso, frente a estas cifras, las organizaciones también tienen un espacio de acción. Una primera tarea es revisar cómo están contratando. En períodos de incertidumbre, modelos de dotación más flexibles, contratación por proyectos o servicios transitorios pueden ayudar a mantener abiertas oportunidades formales sin aumentar innecesariamente la rigidez de las estructuras. También es necesario avanzar hacia una contratación más basada en habilidades y menos en perfiles ideales difíciles de encontrar. Hoy convivimos con un desempleo elevado y, al mismo tiempo, empresas que siguen teniendo dificultades para cubrir determinadas posiciones. Ampliar los criterios de búsqueda, identificar competencias transferibles y acompañar procesos de capacitación y reconversión puede ayudar a cerrar esa brecha.
Abrir posiciones de entrada prácticas y oportunidades de formación puede evitar que la informalidad termine convirtiéndose en la principal puerta de acceso de los nuevos trabajadores al mercado. Las empresas no pueden resolver por sí solas el problema del desempleo, pero sí pueden contribuir a que las oportunidades disponibles se transformen más rápidamente en empleos formales.
El desempleo del 9,5% exige urgencia, pero el desafío de fondo es impedir que el estancamiento del empleo formal empuje definitivamente a la fuerza laboral hacia la precariedad. Recuperar el mercado de trabajo no consiste únicamente en crear puestos, sino en articular oportunidades formales, sostenibles y alineadas con las capacidades que Chile necesita para crecer.
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