¿Estamos realmente asegurados para el mundo que viene?

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¿Estamos realmente asegurados para el mundo que viene?

Por Eva Varas Vecchi, socia de ACOSEG

Terremotos, incendios e inundaciones. Junto a otros eventos naturales de gran intensidad se han vuelto parte de una realidad. Por eso, ya no lo podemos considerar excepcional.

Eso obliga a revisar la forma en que estamos protegiendo nuestros bienes, negocios y patrimonio.

Tener una póliza vigente no necesariamente significa estar bien asegurado. Una empresa puede tener protegidos sus edificios y equipos, pero quedar expuesta si debe detener sus operaciones durante varias semanas.

En ese período puede perder ingresos. O bien, enfrentar compromisos financieros y tener dificultades con trabajadores y proveedores. Si lo pensamos bien, un siniestro puede terminar afectando mucho más que el lugar donde ocurrió.

Chile conoce bien esta situación.

Terremotos, incendios forestales e inundaciones han dejado daños en viviendas, empresas e infraestructura. Esto, con efectos que muchas veces se extienden a comunidades completas.

A esto se suma una importante brecha de protección en América Latina. Donde una parte de las pérdidas provocadas por desastres naturales termina siendo asumida directamente por familias, empresas y el Estado.

Por eso también es tan importante mirar las coberturas contratadas. Una empresa puede crecer e incorporar nuevos activos. O bien, cambiar sus operaciones sin que sus seguros se actualicen al mismo ritmo.

Algo similar ocurre en los hogares. Una vivienda puede aumentar su valor de reconstrucción. Una familia puede adquirir nuevos bienes y el patrimonio puede cambiar con el tiempo.

Es en casos como los anteriores que es fácil la aparición del infraseguro.

Un concepto que se usa cuando el monto asegurado es menor al valor real de los bienes. Por lo que una indemnización puede resultar insuficiente para enfrentar la pérdida. Nuevamente, tener un seguro no transfiere ese riesgo. Esto, si la protección contratada quedó desactualizada.

En este punto, el rol del corredor de seguros adquiere especial importancia, nuestro trabajo no consiste sólo en comparar precios o presentar pólizas; también debe ayudar a identificar los riesgos, revisar las coberturas, explicar sus alcances y advertir cuando los montos asegurados ya no corresponden a la realidad de una persona o empresa.

Detrás de cada póliza hay algo que se quiere proteger, puede ser una vivienda, un negocio, el patrimonio familiar o años de trabajo. Por eso, revisar los seguros debería ser parte de las decisiones habituales de cualquier persona o empresa, especialmente cuando cambian sus bienes, sus operaciones o su nivel de exposición.

Las personas y empresas no tienen por qué conocer en profundidad todos los riesgos y condiciones de una póliza, precisamente por ello, resulta fundamental contar con la asesoría de un corredor de seguros que sí lo es, para que asista en mucho más que comprar un seguro, ayudando a identificar los riesgos y montos adecuados para los bienes a asegurar.

No podemos evitar un terremoto, un incendio o una inundación, pero sí podemos reducir el impacto económico que estos eventos pueden generar. Para eso se necesitan seguros capaces de responder a riesgos que también están cambiando y, sobre todo, una asesoría que permita entender con claridad qué se está contratando.

Estar asegurado no debería reducirse a tener una póliza vigente, también significa saber qué se está protegiendo, por cuánto y si esa cobertura será suficiente cuando ocurra un siniestro.