Cuando hablamos del futuro de la minería chilena, buena parte de la conversación gira en torno a cuánto cobre será capaz de producir el país.
Sin embargo, hay otra pregunta que comienza a ganar relevancia. Será determinante para sostener esa producción.
Las cifras de la Comisión Chilena del Cobre (Cochilco) entregan una señal clara. El consumo eléctrico de la minería del cobre pasará de 27,6 TWh en 2025 a 33,2 TWh en 2034. Un aumento de 20,2%.
En el mismo período, la producción de cobre fino crecería 8,3%. Es decir, la demanda de electricidad avanzará a un ritmo considerablemente mayor que la producción.
Hay razones detrás de esta diferencia. Obtener cobre requiere procesar cada vez más mineral. Esto, por lo que la concentración seguirá siendo el proceso de mayor consumo eléctrico.
A esto se suma el crecimiento de sistemas asociados al uso de agua de mar. Junto a la progresiva electrificación de equipos que hoy utilizan combustibles fósiles.
La buena noticia es que esta mayor demanda ocurre en una industria que ha avanzado en la incorporación de energías renovables. Según Cochilco, en 2024 el 78% del consumo eléctrico de la minería del cobre provino de fuentes renovables.
Esto consolida una tendencia que ha ido creciendo en los últimos años. Pero contar con energía limpia no resuelve por sí solo el desafío. También necesitamos una infraestructura capaz de llevar esa energía hasta donde se necesita. Esto, de manera segura, eficiente y continua.
La electrificación de la minería implica mayores cargas, instalaciones de gran escala, largas distancias y condiciones ambientales exigentes. Es por todo lo anterior que, un conductor eléctrico no es simplemente un insumo más dentro de una obra, es parte de la infraestructura que permite que los procesos funcionen y que la energía llegue de manera confiable a los equipos que sostienen la operación.
Por eso, la calidad y las características de estos componentes deben considerarse desde una perspectiva de continuidad operacional y seguridad, y no únicamente desde el costo inicial. Una falla en un sistema eléctrico puede tener consecuencias que van mucho más allá de reemplazar un elemento, puede significar interrupciones, pérdidas de productividad y riesgos para las personas y las instalaciones.
Chile tiene una oportunidad importante, el cobre seguirá siendo un mineral estratégico para la electrificación y la transición energética global, pero para producirlo también necesitaremos electrificar nuestra propia industria y preparar la infraestructura que hará posible ese proceso.
La discusión sobre minería y energía, entonces, no debería limitarse a cuánta electricidad podemos generar, también debemos preguntarnos si contamos con las redes, los equipos y los componentes necesarios para utilizarla de forma segura y eficiente.
La próxima década exigirá más cobre, pero también exigirá más electricidad y anticipar ese desafío significa mirar la cadena completa, desde la generación hasta el último punto donde la energía se transforma en producción.
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