
Alimentos, veterinaria, peluquería, paseos y guardería son parte de una industria que ha ido creciendo. Junto con un cambio en la relación de los chilenos con mascotas. Hoy, una emergencia veterinaria puede convertirse en un gasto relevante para el presupuesto del hogar.
Para la gran mayoría de las familias chilenas, perros y gatos ocupan hoy su lugar como un integrante más del núcleo familiar. Y, con ello, también han aumentado los recursos que se destinan a su bienestar.
De hecho, según cifras de Cadem, el 79% de los dueños considera que sus mascotas son un miembro más de la familia.
Este cambio también se refleja en el bolsillo, de acuerdo con un estudio de la Cámara Nacional de Comercio (CNC). La proporción de hogares que registra gastos recurrentes en mascotas aumentó de 35,1% a 39,8%. Entre los períodos 2016-2017 y 2021-2022.
Pero el salto más significativo está en cuánto se gasta, el desembolso mensual promedio pasó de $36.900 a $60.100, un incremento de 62,7%. Con esta evolución, actualmente cerca de 2,7 millones de hogares registrarían gastos recurrentes asociados a sus mascotas.
La estructura del gasto también está cambiando. La salud veterinaria ya representa cerca de una cuarta parte del presupuesto destinado a mascotas. Mientras que la contratación de servicios como veterinaria, peluquería, guardería y paseos prácticamente se duplicó. Pasando de 7,1% a 13,7% de los hogares.
“Lo que estamos viendo es que las mascotas están ocupando un espacio cada vez más importante dentro de las decisiones económicas de las familias. Ya no hablamos solamente de alimentación. Sino de prevención, salud, cuidados y servicios. Eso también significa que una enfermedad, un accidente o una intervención veterinaria inesperada puede tener un impacto importante en el presupuesto familiar”. Explica Montserrat Mallol miembro de la Asociación Gremial de Corredores de Seguros de Chile (ACOSEG).
¿Cuándo tiene sentido asegurar a una mascota?
En este escenario han comenzado a ganar espacio los seguros y asistencias para mascotas. Que buscan entregar protección financiera frente a determinados gastos. Asociados principalmente a accidentes y enfermedades.
Dependiendo de las condiciones de cada póliza. Algunas alternativas también pueden incorporar coberturas de responsabilidad civil frente a terceros u otros servicios de asistencia.
Desde ACOSEG recomiendan mirar el seguro como una herramienta de protección frente a gastos difíciles de anticipar Más que como una forma de recuperar el dinero que habitualmente se gasta en veterinaria.
“Antes de contratar, es importante preguntarse qué riesgo se quiere cubrir. Por ejemplo, una familia que tiene capacidad para asumir controles veterinarios habituales. Pero tendría dificultades frente a una cirugía de varios cientos de miles de pesos. Puede encontrar valor en una póliza que ayude precisamente ante ese tipo de eventos”. Señala el especialista de la entidad gremial.
Por eso, antes de firmar, hay varios elementos que conviene revisar. Cómo qué enfermedades y accidentes están cubiertos. Cuál es el monto máximo de indemnización, los deducibles, las exclusiones, la edad máxima de ingreso y permanencia. Y si existen condiciones preexistentes que queden fuera de cobertura.
También es relevante verificar si la póliza funciona mediante reembolso o si contempla atención en determinados prestadores.
El aumento del gasto en mascotas plantea además una pregunta que hace algunos años era menos habitual ¿Estamos preparados para financiar una emergencia veterinaria?
Una consulta, examen o tratamiento de rutina puede ser manejable. Pero una hospitalización, cirugía o procedimiento de urgencia puede elevar considerablemente la cuenta.
Por eso, la decisión de contratar un seguro debería considerar tanto el presupuesto mensual disponible como la capacidad de la familia para enfrentar un gasto extraordinario. En algunos casos, mantener un fondo destinado exclusivamente a emergencias veterinarias puede ser suficiente. En otros, una póliza puede permitir distribuir ese riesgo en el tiempo.




