El estado de los neumáticos, la presión adecuada y una conducción preventiva pueden marcar la diferencia al circular por calles y carreteras mojadas.
La menor visibilidad, la reducción de la adherencia y la acumulación de agua sobre la calzada. Exigen adaptar la conducción y revisar especialmente el estado de los neumáticos.
Uno de los principales riesgos asociados a estas condiciones es el aquaplaning o hidroplaneo. Fenómeno que ocurre cuando se forma una capa de agua entre el neumático y el pavimento.
Al perder contacto con la superficie, el vehículo puede disminuir su capacidad de tracción, dirección y frenado. Haciendo más difícil mantener el control.
Los surcos y canales presentes en la banda de rodamiento permiten desplazar el agua hacia los costados del neumático.
Sin embargo, a medida que el dibujo se desgasta, disminuye su capacidad para evacuarla. Aumentando la posibilidad de que el vehículo pierda contacto con el pavimento.
“Es importante no esperar hasta alcanzar el límite legal para reemplazar los neumáticos. En superficies mojadas, una mayor profundidad de los surcos entrega más capacidad para desplazar el agua. También se debe comprobar que el desgaste sea uniforme y que no existan cortes, deformaciones u otros daños visibles”. Agrega Alvarado.
Además del desgaste, una presión de inflado incorrecta puede reducir la superficie de contacto y afectar la estabilidad del vehículo.
La presión debe revisarse periódicamente y ajustarse de acuerdo con los valores indicados por el fabricante del automóvil. Los que generalmente se encuentran en el marco de la puerta del conductor o en el manual del vehículo.
Bridgestone recomienda adoptar las siguientes precauciones al conducir durante jornadas de lluvia:
Aunque se adopten todas las precauciones, el aquaplaning puede producirse por una acumulación excesiva de agua o por las condiciones de la vía. En ese momento, la recomendación principal es mantener la calma y evitar reacciones repentinas.
El conductor debe sujetar firmemente el volante, mantenerlo lo más recto posible y levantar suavemente el pie del acelerador. Permitiendo que el vehículo reduzca progresivamente su velocidad.
No se recomienda frenar de manera brusca ni realizar movimientos repentinos con la dirección.
“Cuando ocurre aquaplaning, una reacción brusca puede agravar la pérdida de control. Lo más seguro es mantener el volante firme, disminuir la velocidad suavemente y esperar a que los neumáticos recuperen el contacto con el pavimento. Antes de corregir la trayectoria”. Señala el ingeniero de Bridgestone Chile.
Una vez recuperada la adherencia, el vehículo puede reaccionar repentinamente a los movimientos realizados durante el deslizamiento. Por esta razón, las correcciones deben efectuarse de forma gradual y controlada.
“En seguridad vial no existe una única medida que elimine todos los riesgos. La combinación entre neumáticos en buenas condiciones, mantenimiento preventivo y una conducción adaptada al entorno es lo que permite enfrentar de mejor manera la lluvia”. Concluye Alvarado.
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