Una llama para cada mundo: hogar, outdoor y trabajo
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¿Sirve el mismo encendedor para prender una vela que para una parrilla, una cocinilla o un trabajo técnico? No necesariamente.
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El tipo de llama, las condiciones de uso, el gas de recarga y los sistemas de seguridad pueden hacer la diferencia. Esto, entre un encendedor adecuado para cada situación y uno que no responde cuando se necesita.
A simple vista, un encendedor puede parecer un objeto sencillo y prácticamente todos cumplirían la misma función. Generar una llama.
Sin embargo, no todos están diseñados para responder de la misma manera, Menos bajo las mismas condiciones. El uso que se le dará, el entorno e incluso el tipo de combustible utilizado pueden marcar una diferencia importante en su funcionamiento.
Por eso, antes de elegir uno, la primera pregunta debería ser sencilla. ¿Para qué se va a utilizar y en qué condiciones?
No es lo mismo encender una vela dentro de la casa, que prender una cocinilla en la montaña. Es decir, enfrentando viento, humedad, altura o temperaturas bajo cero.
“Hay cinco variables que deberían guiar la decisión. El tipo de llama, piedra tradicional, electrónica/piezoeléctrica o soplete tipo turbo. También la resistencia a condiciones ambientales como viento, humedad y altura. La autonomía y facilidad de recarga. Además la ergonomía y portabilidad y, el factor que menos se considera pero es el más importante. La certificación de seguridad del producto”, explica Constanza Lewin, Gerenta de Marketing Ronson Latinoamérica.
De acuerdo con la profesional, una de las principales diferencias entre los encendedores está precisamente en el tipo de uso para el que fueron diseñados. En Ronson, esta distinción se aborda a partir de cuatro perfiles: Fumadores, Hogar, Outdoor y Profesional, cada uno con exigencias particulares.
Para el hogar el uso está asociado principalmente a cocina, velas, chimeneas y parrillas. Son situaciones generalmente más estables, con temperatura ambiente, sin viento y con un uso ocasional. Por eso, cobran mayor relevancia la comodidad, el diseño y una llama estándar correctamente regulada.
La situación cambia completamente cuando se trata de Outdoor.
Camping, trekking y expediciones pueden enfrentar viento, lluvia, frío extremo y altura. Por lo que el encendedor necesita una tecnología capaz de responder a esas condiciones.
En estos casos, la recomendación apunta a las llamas tipo soplete o turbo (jet flame). Están diseñadas para resistir el viento y mantener una llama potente y estable.
“Mientras hogar y fumadores resuelven un momento cotidiano con una llama estándar bien lograda, Outdoor y Profesional tienen que funcionar sí o sí. Es decir, a la primera, en condiciones que no dan margen de error. Y ahí es donde entra la tecnología de llama turbo y los estándares de resistencia más exigentes de la marca”, señala Lewin.
En el segmento Profesional, el encendedor deja de ser simplemente un accesorio y pasa a convertirse en una herramienta de trabajo. Gasfitería y soldadura blanda. También joyería o gastronomía requieren una llama de alta temperatura constante. Además de mayor autonomía y resistencia estructural frente a caídas e impactos.
¿Qué tipo de encendedor elegir?
A partir de estos perfiles, Ronson organiza su portafolio en tres grandes familias de productos. La primera corresponde a los multipropósito u hogar. Esto, con encendedores de llama estándar pensados para cocina, velas, parrillas y otros usos cotidianos dentro de la casa. Es además el segmento de mayor volumen. El que sostiene la presencia de la marca en supermercados y locales comerciales.
La segunda familia corresponde a los sopletes o Jet Flame (Torch), que utilizan una llama turbo. Son resistentes al viento y de mayor temperatura. Están pensados para quienes necesitan una llama potente y estable. Ello, tanto para actividades outdoor como para trabajos técnicos livianos.
Finalmente está la línea Profesional.
Está orientada a gasfiteros, chefs, joyeros y técnicos que requieren presión constante, fiabilidad y seguridad certificada en una herramienta de trabajo.
“En Ronson trabajamos con una lógica de portafolio por perfil de uso, no de talla única”, explica la experta. La elección, sin embargo, no termina en el encendedor. El tipo de gas utilizado para recargarlo también puede influir directamente en su rendimiento, autonomía y seguridad.
En Ronson, la oferta contempla distintos formatos de acuerdo con el equipo y el uso. La recarga de 18 ml corresponde a un formato de bolsillo para encendedores personales, ideal para reposición individual y uso doméstico. La recarga de 300 ml es un formato multipropósito de mayor volumen, que puede utilizarse en encendedores de bolsillo, sopletes de cocina y encendedores largos de chimenea o parrilla.
Para actividades outdoor existe el cartucho de 190 g, con rosca bajo norma UNE-EN417, formato estándar para cocinillas y hornillos de camping y compatible con la mayoría de los equipos outdoor del mercado.
Para usos profesionales intensivos, en tanto, está el cartucho de 227 g, de isobutano/propano con mayor concentración de butano, formulado para sopletes de gasfitería y soldadura blanda. La recomendación en este punto es revisar dos aspectos antes de realizar una recarga: la compatibilidad del formato con el equipo, rosca, tipo de válvula y volumen y el nivel de pureza del gas, de acuerdo con el uso que se le dará.
“El encendedor es solo la mitad de la ecuación: el gas con el que se recarga influye directamente en su rendimiento, autonomía y seguridad”, afirma Constanza Lewin.
Pureza y sistemas de seguridad
En este ámbito, uno de los elementos diferenciadores que destaca Ronson es la composición de sus gases. Según explica la ejecutiva, se trata de gases ultra refinados y triple filtrados, una característica que ayuda a reducir los residuos que pueden obstruir la válvula y contribuir a prolongar la vida útil del encendedor o la cocinilla.
Los sistemas de seguridad también varían de acuerdo con el tipo de producto. Los cartuchos de camping incorporan el Sistema Gas Stop. Este corta automáticamente el flujo de gas al desenroscar el cartucho. Esto evita fugas residuales.
Los cartuchos profesionales, por su parte, incorporan TSR (Triple Seaming Rim) y RVR (Rim Vent Release), sistemas destinados a entregar protección frente a situaciones de sobrepresión.
“Es la misma lógica de seguridad certificada que aplicamos a los encendedores, llevada también al gas”, sostiene la profesional.
Más allá de la tecnología de llama, el formato o el tipo de combustible. Existe un elemento que muchas veces pasa inadvertido al momento de comprar un encendedor. Su respaldo técnico y certificaciones de seguridad.
“En una categoría con alta presencia de encendedores informales y sin respaldo técnico, contar con certificaciones como ISO 9994, que corresponde a un estándar internacional, y CESMEC, como validación chilena, es lo que separa un producto confiable de uno que puede fallar o representar un riesgo real para quien lo usa”, advierte la experta.
En el caso de Ronson, todos los encendedores comparten como base la certificación ISO 9994 y CESMEC, además de resistencia comprobada a caídas extremas.
Se trata de un estándar que, según la marca, se mantiene independiente del segmento o uso para el que esté pensado cada producto.
Con 130 años de trayectoria, Ronson plantea que elegir un encendedor no debería reducirse solamente al diseño o al precio. La pregunta correcta es qué se necesita encender, dónde se hará y bajo qué condiciones. Porque una llama para prender una vela en casa no tiene las mismas exigencias que aquella que debe mantenerse encendida frente al viento en una montaña o funcionar como herramienta en un trabajo técnico.
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