Robo de identidad digital: cómo proteger a las personas y empresas frente a una amenaza que sigue creciendo

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Identidad digital
Identidad digital.
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Identidad digital.

Abrir una cuenta bancaria, contratar un servicio, firmar un contrato o realizar un trámite desde el teléfono ya es parte de la rutina de millones de personas. Sin embargo, mientras la digitalización continúa avanzando, también lo hace una amenaza que preocupa cada vez más a empresas y usuarios: el robo de identidad.

La posibilidad de que un tercero utilice información personal para hacerse pasar por otra persona. Y realizar operaciones fraudulentas ha dejado de ser un problema exclusivo de las instituciones financieras.

Hoy afecta a múltiples industrias y pone en evidencia uno de los principales desafíos de la transformación digital. Garantizar que quien está al otro lado de la pantalla es realmente quien dice ser.

Para Hugo Díaz, CEO de Autentikar, el fraude ha cambiado de foco durante los últimos años.

“Durante mucho tiempo las empresas concentraron sus esfuerzos en proteger sus sistemas. Hoy el principal activo que deben resguardar es la identidad de las personas. Cuando un delincuente logra hacerse pasar por un cliente legítimo, el impacto no es solo económico. También afecta la confianza en los servicios digitales”. Explica.

El ejecutivo sostiene que muchas organizaciones continúan enfrentando este desafío con herramientas. Que fueron diseñadas para una realidad donde la mayoría de las interacciones ocurría de manera presencial.

“La mayoría de los procesos digitales todavía fueron pensados bajo la lógica de un documento físico o una contraseña. Hoy eso ya no es suficiente. Necesitamos construir modelos capaces de verificar la identidad de una persona con altos estándares de seguridad. Pero sin hacer más compleja la experiencia del usuario.”

Cada vez que una persona comparte sus datos para contratar un servicio o validar su identidad en línea. Deposita su confianza en que esa organización protegerá su información.

Cuando esa confianza se vulnera, las consecuencias pueden ir desde pérdidas económicas hasta daños reputacionales para las empresas. Y un uso indebido de la identidad de los usuarios.

Este escenario adquiere especial relevancia en sectores como la banca, las telecomunicaciones, los seguros, el comercio electrónico y los servicios públicos. Donde la rapidez de los procesos digitales debe convivir con altos estándares de seguridad.

Según Díaz, uno de los principales desafíos será encontrar el equilibrio entre protección y experiencia de usuario.

“Existe la idea de que mientras más controles agregamos, mayor protección obtenemos. En la práctica ocurre lo contrario. Cuando los procesos son excesivamente complejos, las personas abandonan las operaciones o buscan alternativas menos seguras. La seguridad debe integrarse de manera natural a la experiencia.”

A medida que los canales digitales continúan creciendo. También aumenta la necesidad de incorporar mecanismos capaces de autenticar identidades. Administrar el consentimiento de los usuarios y generar evidencia que respalde cada interacción.

“Las empresas ya no necesitan únicamente saber que una persona ingresó una contraseña correcta. Necesitan tener certeza de quién está realizando una operación y contar con mecanismos que permitan demostrarlo de forma segura y trazable”. Afirma.

Para el CEO de Autentikar, Chile tiene una oportunidad importante para fortalecer la confianza en los procesos digitales. Mediante soluciones que permitan validar identidades sin afectar la experiencia de las personas.

“La identidad digital será uno de los pilares de la economía digital durante los próximos años. No porque reemplace al documento de identidad. Sino porque permitirá trasladar ese mismo nivel de confianza a todas las interacciones que hoy realizamos de manera remota.”

Finalmente, Díaz sostiene que la prevención del fraude ya no puede entenderse únicamente como un desafío tecnológico. Sino como un elemento estratégico para cualquier organización.

“Durante décadas la confianza estuvo asociada a un documento físico. En los próximos años estará asociada a la capacidad de demostrar quiénes somos en el mundo digital. Las organizaciones que comprendan ese cambio no solo estarán mejor preparadas para prevenir el fraude. Sino también para construir relaciones más sólidas con sus clientes”.